viernes, 5 de julio de 2013

La “comunidad internacional”

La historia es la siguiente: el gobierno de Estados Unidos teje la mayor red de espionaje que jamás haya conocido la Humanidad, a uno de sus empleados subcontratados no le aguanta más la conciencia y decide largarlo todo, y ante la amenaza por parte de su presidente de ser acusado él mismo de espionaje (el mundo al revés), se refugia primero en Hong Kong, y desde allí consigue escapar a Moscú, desde donde solicita asilo político a quien quiera ofrecérselo. Entre medias, la organización Wikileaks, un grupo de contraespías románticos cuyo cometido es vigilar al vigilante, le da el amparo y los medios para escapar de los hombres de negro. Y mientras tanto, nuestro pequeño gran héroe, una suerte de moderno Prometeo que se enfrentó a los dioses para desvelar sus secretos a los hombres, continúa en paradero desconocido, quién sabe si aún encerrado en el aeropuerto de Moscú, como penitencia por haber mordido la mano invisible y poderosa que le daba de comer.
En medio de esta jauría desatada para dar caza al hombre, ocurre un gravísimo incidente que, al autor de este blog, permite continuar con su particular batalla semántica. El presidente de Bolivia, Evo Morales, regresa de Moscú en su avión oficial y, ante el temor de que ocultase en él al prófugo Edward Snowden, es obligado a aterrizar de emergencia en Viena, y su avión es profanado por la policía austríaca.
De pronto Barack Obama descuelga el teléfono y cuatro países cada vez más insignificantes (una antigua potencia venida a menos y tres naciones en vías de subdesarrollo) obedecen sus órdenes de negar a un presidente democráticamente elegido sobrevolar su espacio aéreo sin rechistar, provocando entre medias un grave incidente diplomático (del que el propio causante, por cierto, sale de rositas) y haciéndonos ver de rebote, una vez más, que la “comunidad internacional”, término con el que la prensa palaciega se llena la boca, era en realidad eso, y que el concepto “soberanía nacional” era eso también.
Dos gobiernos de derecha pura y dura, acosados por sus propios pueblos por sus políticas a favor de la oligarquía económica y totalmente deslegitimados a ojos de sus ciudadanos, uno que acaba de nacer como resultado de una alianza en apariencia antinatural, resultado asimismo de un gigantesco caos institucional, y otro más, dirigido por un tipo cuya popularidad va en picado, y que se parece demasiado a Zapatero, sólo que con más cara de gilipollas, lo cual ya es decir, niegan su espacio aéreo a un presidente de cuyo apoyo popular no gozarían los anteriores ni en el más húmedo de sus sueños, no por nada en concreto, sino sencillamente porque se lo mandan.
Allá donde nuestros periodistas hablan pomposamente de “comunidad internacional”, en la tozudez de los hechos no hay otra cosa que los intereses depredadores de la plutocracia estadounidense, sostenidos por el “complejo militar-industrial” y el gobierno de su país, y obedecidos sin rechistar por un conjunto de gobiernos que, al ponerse al amparo del amigo americano, esperan que sus oligarquías locales puedan sacar algo de tajada, y cuya legitimidad democrática está cada vez más en entredicho. Y sin embargo, en este nido de víboras que es la “comunidad internacional”, nadie se casa con nadie, y menos aún el primus inter pares, que dedica ingentes recursos a espiar a sus subordinados, pues no termina de fiarse de ellos, aunque éstos no paren de rendirle pleitesía, para bochorno de sus ciudadanos y sorna del resto de países, aquéllos que, orgullosamente, se resisten a formar parte de esa “comunidad internacional” que cada vez se parece más a una película de Coppola o de Martin Scorsese. A cuál, decídanlo ustedes mismos.

domingo, 30 de junio de 2013

La batalla semántica II

Según la R.A.E., emprender es “acometer y comenzar una obra, un negocio, un empeño, especialmente si encierran dificultad o peligro”. Sin embargo, en la mitología liberal imperante, el término “emprendedor” viene a sustituir, o a blanquear, al de “empresario”, término que en una de sus acepciones de la R.A.E. es definido como “patrono, persona que emplea obreros”. En manos del poder, el lenguaje no es sino otro más de sus instrumentos de dominación, y las palabras no sirven para señalar las cosas, sino para ocultarlas. El término “emprendedor” tiene, casi por definición, un cariz positivo, posee incluso un componente romántico. Se emprende un viaje, una aventura, una relación amorosa. El concepto “empresario”, por su parte, encierra explícitamente una relación social: él es quien se beneficia del trabajo ajeno. En la semántica ultraliberal actual ha desaparecido incluso el término “patrón” que, por ejemplo, los franceses continúan empleando, y que tiene, por la fuerza de las circunstancias, un sentido marcadamente negativo. Que los empresarios ya no sean llamados como tales, sino como “emprendedores”, pretende ocultar, precisamente, el hecho de que se apropien del trabajo ajeno, es decir, lo que se pretende es ocultar el hecho de la explotación.
En un artículo aparecido ayer en El Diario, el periodista Daniel Fuentes Castro informaba de que, entre los años 2008 y 2012, en España, las sociedades no financieras incrementaron su renta empresarial un 67%, al mismo tiempo que reducían su masa salarial un 12%. Esto es, que mientras aumentaron en 75.000 millones de euros sus beneficios, redujeron el salario de sus empleados en 42.000 millones.
Por otra parte, el 18 de junio pasado, el vicepresidente de la CEOE, José de la Cavada, declaró a la prensa que le parecía excesivo que se concediesen cuatro días de permiso a los empleados por fallecimiento de un familiar. Este señor, por cierto, había sido condenado en 2010 por trato humillante contra nueve de sus once subordinados en el departamento de relaciones laborales de la patronal, evidenciando el concepto de “relaciones laborales” que tienen tanto él como sus acólitos. Cada vez que un miembro de la patronal abre la boca le sale la alimaña que lleva dentro, y echa atrás todo el inmenso trabajo propagandístico de periodistas, responsables de planes de estudios, políticos y publicistas en blanquearlos tomándolos como “emprendedores”.
Sin embargo, los grandes empresarios (“empresaurios” en el imaginario popular, que es tozudo), no necesitan ser innovadores, porque tienen detrás el apoyo del aparato del Estado y de la banca, con los que forman un todo orgánico. En el fondo, el término “emprendedor” no va a dirigido a ellos, sino que es el fiel compañero de la destrucción sin precedentes de los derechos que hasta ahora habían gozado los trabajadores. Una vez despojados de estos derechos, se incita a éstos a formar parte de un mercado cada vez más volátil e inestable, no ya como empleados de otros, sino como “sus propios jefes”. Esto es, que donde antes, mal que bien, había una seguridad social, un sueldo fijo y unas vacaciones pagadas, ahora hay un tener que hacerse cargo de todo, ya no sólo del trabajo propiamente dicho, sino además de unas facturas, una cuota a la seguridad social, un temor a no tener suficiente carga de trabajo, y un no tener horario de salida si en determinados momentos esa carga aumenta, es decir, donde antes había un trabajador con ciertos derechos, ahora hay un autónomo (en griego, “aquél que se vale por sí mismo”). Y ese valerse por sí mismo lo es dentro de un mercado completamente atomizado, donde en medio de la lucha de todos contra todos rigen la inestabilidad y la inseguridad. Así, por ejemplo, en 2012 se crearon en este país 87.066 empresas mercantiles, un 2,7% más que el año anterior, y se cerraron 22.568, lo que supuso un incremento del 14,7% con respecto a 2011. Por otro lado, el capital medio suscrito por las nuevas sociedades descendió en un 65,4%, pasando de la media de de 252.148 euros en 2011 a los 87.167 del año siguiente.
La incitación a montar un negocio por parte de las autoridades tiene un doble cariz. Por un lado, supone al Estado y a la oligarquía económica dirigente prescindir de relaciones laborales “costosas”, es decir, con derechos, y ahonda la brecha social: para los grandes empresarios y los banqueros, el apoyo del Estado, para la gran mayoría social, el esfuerzo sin límites y la precariedad. No deja de resultar insolente la prédica del sacrificio y el trabajo por parte de aquéllos que no lo han practicado nunca.
Por otro lado, implica llevar a cabo hasta el extremo su sueño liberal, pues ese “búscate la vida” al que se incita supone la resurrección del viejo darwinismo social, siempre latente, sin embargo, en el capitalismo como su componente ideológico sustancial, según el cual toda la responsabilidad habría de recaer sobre el individuo, y toda su fortuna o su fracaso serían exclusivamente culpa suya, de su buen o mal hacer. Para el liberalismo no existen las circunstancias, ni las estructuras sociales sobre las cuales las vidas de las personas se asientan. Para el poder, se trata de un arma ideológica perfecta, al desviar las responsabilidades últimas de los que toman realmente las decisiones a las víctimas de éstas. El mensaje es muy sencillo: en medio del caos, la culpa la tienes TÚ, y nadie más que TÚ. Es por eso que, junto a la mitología del emprendedor, se desarrolla la pseudopsicología del “pensamiento positivo”, en cuyo idealismo infantil pretende reducir todo problema al hecho de "ser siempre lo bastante optimista”, pero cuyo reverso macabro son las enfermedades derivadas de la precariedad y la inestabilidad: las ansiedades y depresiones varias, que también se han multiplicado.
Aún así, se acusa a los españoles de ser poco emprendedores, a pesar de que, una vez más, centenares de miles emprenden el camino a una vida mejor en el extranjero, y eso es quizás porque no terminamos de pasar por el aro. Pero con sólo echar un ojo a nuestra historia podríamos demostrar fácilmente lo contrario. Considerar al país que dio al mundo a Cristóbal Colón, Hernán Cortés, o Magallanes y Elcano ("tierra de conquistadores, no nos quedan más cojones" cantaban con gran acierto los Extremoduro) como poco emprendedor sólo demuestra estrechez de miras. Sin embargo, yo me quedo con el que, pienso, es el más representativo de todos: Lázaro de Tormes. La sociedad caníbal y despiadada que reflejan sus páginas es el reflejo de allí donde nuestros gobernantes pretenden llevarnos.
Pero a pesar de todo, desde estas modestas páginas, yo incito a emprender. A emprender la lucha contra los que quieren arruinar nuestras condiciones de vida, a emprender la resistencia contra este modelo económico y social que nos conduce al abismo. Los últimos años lo han sido de derrotas y barbarie, pero también han abierto una rendija, pequeña aún, pero a través de ella parecen brotar los sueños. Se han emprendido proyectos estrambóticos, nuevas editoriales, periódicos nuevos, movilizaciones extraordinarias, asociaciones culturales, políticas y sociales, y se han tejido nuevos lazos. Incito, por tanto, a no quedarse quieto, a no quedarse solo, a emprender, a organizarse, a luchar.

sábado, 29 de junio de 2013

La batalla semántica

Todo proceso histórico viene acompañado de tensiones y enfrentamientos. Por su propia naturaleza, las sociedades históricas llevan la contradicción en su seno, y con ella, el germen de su propia destrucción. Los múltiples combates derivados de tales tensiones se muestran en todos los niveles de la realidad, estableciendo relaciones entre sí, a veces de manera confusa, otras, de forma más palmaria. Y en ese enfrentamiento general existen siempre diversas posiciones ideológicas que expresan intereses sociales, económicos y políticos distintos, que a su vez conllevan concepciones diferentes del mundo y de cómo debería organizarse la sociedad en virtud de dichos intereses. Por último, existe también una batalla semántica, en tanto que el lenguaje nunca es neutral, sino que sus juegos obedecen siempre a relaciones de fuerza, y dado también que el significado de las palabras refleja también la concepción del mundo de aquéllos que poseen el poder para modificarlo e imponerlo a los demás.
De esta manera, así como Louis Althusser nos mostró que el ámbito de los filósofos dentro del combate sería el plano teórico, el de los escritores, hoy en día más que nunca, habrá de ser el plano semántico.
Dicho de otra forma: el compromiso de los escritores que entiendan su obra como una pequeña contribución a la tarea más general de la emancipación de los desposeídos frente a la guerra, la explotación y la barbarie, ha de pasar, aquí y ahora, por un desenmascaramiento del lenguaje del poder y, sobre todo, por una recuperación de la palabra como ámbito de desvelamiento liberador.
Y una de las palabras alrededor de las cuales, aquí y ahora, el poder oligárquico articula en nuestro país su discurso legitimador, y sus medios de persuasión repiten ad nauseam, es la de “emprendedor”.
La mitología liberal ha elevado la categoría del “empresario” o el “emprendedor” (en francés, por ejemplo, ambas palabras corresponden a una sola, entrepreneur), al status de semidiós alrededor del cual bascula el progreso económico. Él sería la parte activa de la economía, y el trabajador su contrapeso pasivo. Es el caso, por ejemplo, de Joseph Schumpeter, quien, en una suerte de darwinismo social, entendería el carácter positivo de las crisis en tanto que servirían a la economía para soltar lastre, dejando atrás a las empresas menos innovadoras, y permitiendo a las más avanzadas alcanzar mayor cuota de mercado. En esta visión idílica del libre mercado no existe jamás mención alguna a la explotación del trabajo ajeno, ni a la tendencia natural del capitalismo a la inestabilidad y los oligopolios. Sorprende que, a pesar de que a la luz de los acontecimientos históricos las tesis schumpeterianas se han demostrado falaces, hoy en día aparecen por doquier.
Como pequeño apunte histórico, añadir que, por ejemplo, la gran crisis económica de los años 30 no se superó gracias a los “innovadores”, sino a las grandes posibilidades que generó la reconstrucción de Europa tras la devastación producida por la II Guerra Mundial y a la decidida intervención del Estado en la economía para, precisamente, poner límites al libre mercado, lo que posibilitó en Occidente una situación de bienestar material inédita hasta entonces, y que no se ha vuelto a repetir.
Así, el capitalismo actual reconoce como sus héroes a personajes como Bill Gates y Steve Jobs, si bien el discurso liberal incide en su capacidad innovadora, que está fuera de toda duda, pero olvida aspectos fundamentales en su acceso hasta el Olimpo de los negocios, como son sus prácticas monopolísticas, la externalización de sus fábricas a China, donde sus trabajadores sufren condiciones laborales infrahumanas, y sus relaciones orgánicas con los gobiernos y el capital financiero, sin las cuales sus imperios no hubieran sido posibles.
Existen sectores donde la innovación es espectacular, pero no merecen la misma atención que en el caso de la informática, ni en el imaginario colectivo ni en la economía. Uno sería el de las energías renovables, que en nuestro país, por ejemplo, está sufriendo una desinversión importante. Otro, el de la biología, cuyos avances, más silenciosos pero sin duda más relevantes, no despiertan sin embargo el mismo interés de inversores y especuladores, aunque sus consecuencias podrían ser infinitamente más beneficiosas para el ser humano, en tanto que capaces de curar infinidad de enfermedades. ¿Por qué no es así? Por una cuestión muy evidente: el motor de la economía, dentro de un modelo capitalista, no es la innovación, sino el beneficio, cuanto mayor y más inmediato, mejor.
A pesar de ello, esta especie de neoschumpeterianismo que nos invade, y que se muestra como una verdad irrefutable, pretende hacernos creer, de forma machacona y constante, que el motor de la economía actual está en la innovación, cuando realmente lo que caracteriza a nuestra época es la preeminencia brutal del capital especulativo sobre el productivo, tendencia que provoca que la economía capitalista acumule burbuja tras burbuja. Y mientras tanto, por todas partes se nos incita a que “emprendamos”, a que “seamos nuestros propios jefes”, a que “innovemos”. ¿A qué se debe este discurso omnipresente, que cuenta ya incluso con una asignatura en la educación obligatoria?
Intentaremos analizarlo en el siguiente artículo.

jueves, 30 de mayo de 2013

Sonríe (rap)


“Souriez!
Vous êtes filmés!”
Cartel de los autobuses urbanos de París
anunciando la presencia de cámaras de vigilancia

Sonríe, estás siendo filmado,
pon tu cara más feliz,
no te hurgues en la nariz,
que quedará registrado.
Pon en reposo tu mente,
siéntate tranquilamente
y observa el lindo paisaje,
que a quien te perturbe el viaje
le daremos un masaje,
le alisaremos el traje,
le pondremos entre rejas,
le quitaremos las ganas
de despertar las mañanas
pensando en asustar viejas.
Sonríe y no pienses si está bien o mal,
de eso ya se ocupa la Audiencia Nacional
con su batallón de jueces
y la prensa hace las veces
de dictador de moral.
Si no tienes qué ocultar
no te debe molestar
someterte a grabación,
estación tras estación.
Sonríe, estás siendo filmado
por nuestra atenta mirada
a la que no escapa nada,
todo queda registrado
para ser utilizado
contra ti si no te portas bien,
si no obedeces al cien por cien,
si te vuelves descarriado,
si tomas el camino equivocado.
Sonríe, te estamos devolviendo
al rebaño,
sin hacerte mucho daño,
solamente el necesario
para que guardes en el armario
tu frustración contenida
y le cantes a la vida,
siéntate tranquilamente,
como la gente decente
y sonríe abiertamente,
pues estás siendo filmado.

domingo, 26 de mayo de 2013

Entrevista en RNE

El pasado 24 de mayo mi amiga y editora Susana Noeda y yo fuimos entrevistados en RNE por Pilar Tabares en su programa "La noche en vela". Yo fui a hablar de mi libro y Susana, de su editorial. Debo agradecer el trato exquisito que nos dispensaron. Quien quiera escuchar la entrevista, que pinche aquí o bien en el podcast de la barra lateral.
Una foto como recuerdo de nuestro paso por los estudios de Prado del Rey:


martes, 21 de mayo de 2013

Jinetes en la tormenta



“Like a dog without a bone
and actor out on loan,
riders on the storm”.

Hace apenas tres meses que comencé este blog que aún está en pañales, y ya lo tengo lleno de necrológicas. Sin duda que es para preocuparse. Sin embargo, a pesar de la LOMCE, la corrupción del gobierno, la mediocridad endémica de los sindicatos, la ceguera política de la izquierda institucional y las dos Españas, hoy no podía sustraerme a una desaparición que me ha conmocionado: la de Ray Manzarek, el que fuera teclista de los Doors, un grupo de hace mil años que continúa sonando fresco, no se sabe si porque se adelantaron a su tiempo o porque nuestro tiempo se está atrasando hacia el suyo. Aunque lo más probable es que eso ocurra porque han alcanzado la categoría elevada de clásicos, concepto con el cual nos referimos a aquellos artistas cuyas obras, por un misterio que se nos escapa por completo, continúan emocionando a las gentes, incluso generaciones después, y en contextos históricos totalmente ajenos al cual los vio nacer.
Porque poco se parece ya nuestra época a aquellos felices 60 del pleno empleo y el Estado del Bienestar. Si entonces el pop sonaba optimista, lo hacía de una forma sincera. Nos puede resultar ingenua, naïf, esa música en su desenfado, a nosotros, que ya hemos pasado por el heavy metal, el punk y el grunge del mismo modo que nuestra sociedad se derrumba de crisis en crisis, que nos hemos vuelto cínicos por el camino, pero no podemos negarle su encanto, un encanto que visto con la suficiente perspectiva se torna crepuscular y melancólico.
Los Doors, sin embargo, fueron el grano en el culo de ese optimismo californiano que por un lado sonaba a radiofórmula (los Monkees) y por el otro entonaba himnos mesiánicos impregnados de esperanza milenarista (Jefferson Airplane). Mientras tanto, ellos predicaban el apocalipsis.
Pueden determinarse tres etapas en la música de los Doors bajo la marcada influencia de Jim Morrison: la primera, claramente impregnada por el consumo de LSD, una segunda etapa intermedia, sin duda la menos interesante, y una tercera marcada por el alcohol. Corresponden a cada una de las etapas dos de los seis discos de estudio que grabó el grupo.
Con gente como Bob Dylan, Velvet Underground o los propios Doors el rock se hizo adulto. Las letras dejaron de preocuparse por temáticas adolescentes explorando nuevos caminos artísticos. En el caso de Morrison, la influencia de los poetas malditos fue determinante. Sin embargo, debido sobre todo a lo atractivo de su oscura personalidad, tendemos a olvidar al resto de los Doors, e incluso a minimizarlos, sin duda injustamente. Por eso es preciso recordar que esos paisajes recónditos, inquietantes, que dibuja su música, fueron obra también de otros tres grandes artistas.
No se puede olvidar la batería de John Densmore, afilada a veces, otras brutal, sin tregua, pero siempre elegante, como no podía ser de otra manera de alguien con formación jazzística. Tampoco la guitarra de Robby Krieger, tan capaz de crear escenarios áridos y desolados como alcanzar el éxtasis orgásmico, y todo en una misma canción, o de permitirse delicatessen, o riffs inolvidables al mejor estilo bluesero. Pero sobre todo el alma de los Doors, tras Morrison, fue Ray Manzarek. Él fue el peso pesado musical del grupo; al frente de su Fender Rhodes, fue el partenaire perfecto de la voz cálida y potente del cantante. En la primera etapa, aportó el inconfundible sonido psicodélico a la banda, y a veces, cuando la situación lo exigía, dejaba rienda suelta a la delicadeza -”The crystal ship” es buen ejemplo de ello.
Después, cuando el alcohol empezó a hacer mella en Morrison y sus composiciones se volvieron más ásperas, la guitarra de Krieger tomó protagonismo, y a menudo Manzarek cambió el viejo órgano por el piano, o por el piano eléctrico, pero su música siguió siendo turbadora.
Quedará para siempre grabada en nuestra memoria, como mejor muestra de su virtuosismo, la maravillosa “Riders on the storm”. Es una canción evocadora, susurrante como el viento contra las hojas de los árboles, pero a la vez siniestra, inquietante, como si ocultase algo oscuro e insondable. Fue el canto del cisne. Con ella alcanzaron el cénit para inmediatamente después desaparecer, como el crepúsculo de la noche. Con ella quedó atrás no sólo un grupo fascinante, sino toda una época. Los Doors supieron ver ese final antes que nadie; sus canciones extrañas lo anticipaban y al final el tiempo implacable les dio la razón.
Larga vida al maestro.   

domingo, 12 de mayo de 2013

La huelga general de la enseñanza ha sido un éxito


El jueves pasado, 9 de mayo, tuvo lugar en nuestro país una nueva jornada de huelga a nivel estatal, a la que estaban convocados todos los sectores de la enseñanza, desde infantil a universidad. Convocaban los sindicatos de clase, CCOO, UGT, STE y CGT, además de la CEAPA y el Sindicato de Estudiantes. No la secundaron, como era de esperar, los sindicatos del PP, CSIF y ANPE, cuya posición servil ante este gobierno destructor de derechos, si bien no debería sorprender a nadie, tampoco puede dejar de resultar repugnante. Todo sea por salir en la foto con Cospedal, Marín y compañía, o por obtener algún carguito o cualquier otra prebenda. En la naturaleza de todo sindicato amarillo está obedecer al amo para que éste te recompense luego con un hueso que roer o una caricia por el lomo.
Es necesario recalcar, frente al búnker mediático intoxicador de la derecha, que la huelga ha sido un éxito. Las manifestaciones de por la tarde volvieron a ser masivas. En Madrid, donde tuvo lugar la movilización más poblada, la marea verde volvió a teñir las calles del color de la esperanza. Parecían completamente derrotados, o dormidos, los docentes de esta comunidad, y sin embargo respondieron de manera masiva a la llamada, aunque ésta se haya realizado tarde y mal. Volveremos a ello más adelante.
No hablaré en este artículo sobre la ley que ha motivado la huelga, la LOMCE. Lo hacen mucho mejor, por ejemplo, los compañeros del Colectivo Baltasar Gracián en su artículo “¿A qué viene ahora una nueva ley de reforma educativa?”, donde analizan la naturaleza reaccionaria de dicha reforma, como no podía ser de otra forma proviniendo del partido que la impulsa.
La evidencia de que este gobierno no es un gobierno soberano, sino un mero delegado de la troika, que nos dirige como si fuésemos (lo somos) un mero protectorado del capital financiero alemán y estadounidense, es el hecho de que sólo recula ante la presión popular en leyes que no emanan directamente de Bruselas, sino que son propias de nuestra derecha autóctona, con todo su carácter retrógrado, como la LOMCE o la ley del aborto de Gallardón. Ambas se están retrasando una y otra vez en su aplicación ante el hecho evidente de que no servirían más que para echar más gasolina al fuego de una calle cada vez más en llamas gracias a la presión de los diferentes movimientos sociales en lucha, y cuyo contenido es puramente ideológico. En lo que toca a la reforma de la ley del aborto, es claro y palmario que su único objetivo es satisfacer a los sectores más oscuros de este país. En cuanto a la LOMCE, en el hecho de que para destruir la educación pública no hacía falta elaborar una nueva ley orgánica, pues hasta ahora con la actual, aprobada por el PSOE en 2005, era más que suficiente.
Que el gobierno haya reculado, de momento, es una buena noticia, la primera en mucho tiempo, y lo más parecido a una victoria que cualquier movimiento de resistencia contra los brutales ataques a nuestros derechos haya tenido en los últimos tiempos en nuestro país. Es necesario, por tanto, apoyarse en ella para continuar el combate, porque el gobierno no se va a echar atrás por mucho tiempo y las agresiones contra lo público van a continuar.
Los profesores fuimos los primeros en enfrentarnos a las políticas destructoras del Partido Popular. En cuanto salió el decreto del 4 de julio que daba un sablazo a las plantillas, y después, en Castilla-La Mancha, tras la orden del 31 de agosto que hacía lo propio, tuvimos la voluntad y la capacidad de organizarnos centro por centro y combatir. La situación política, sin embargo, nos fue lo más adversa posible. El PP triunfaba en dos elecciones consecutivas, y la oposición política estaba muy debilitada. Estábamos casi solos. Ahora esa situación ha cambiado: el gobierno está acorralado por la calle y totalmente desacreditado por sus políticas y por la corrupción. Si algo le mantiene aún en el poder es la falta de credibilidad de un PSOE absolutamente hundido en la miseria moral e intelectual, y la inacción de unos sindicatos mayoritarios cuyas cúpulas viven en la inopia.
Hay que luchar, ahora más que nunca, y hay que buscar unificar las luchas frente a los que nos pretenden dividir.
- En primer lugar, los burócratas sindicales. Es increíble que no hayan convocado una maldita movilización o una miserable huelga en todo el año hasta que el curso está a punto de acabar y, con las vacaciones a la vuelta de la esquina, es más difícil darle una continuidad. Cuando hablo de los burócratas me refiero, sobre todo, a las cúpulas de los sindicatos UGT y CCOO, no a sus afiliados (el que escribe estas líneas lo está a Comisiones Obreras). Cuando las movilizaciones alcanzaron su apogeo, el principal empeño de estos burócratas fue acabar con el movimiento a fuerza de marear la perdiz con el objetivo último de domesticarlo para así retomar el “diálogo social” con una consejería que no hacía otra cosa que reírse de ellos. Ahora hacen todo lo posible por no unificar todos los fuegos que le brotan al gobierno en un solo frente haciendo el juego de la división. Así, de pronto se sacan de la chistera para fin de curso una estúpida huelga sólo de interinos cuyo objetivo será agotarlos llevándolos a un callejón sin salida.
- Por otra parte están las actitudes sectarias. El rechazo a los burócratas sindicales es absolutamente comprensible y mayoritario entre los docentes, pero hay que establecer una diferencia entre los burócratas, que tienen nombre y apellido, y los afiliados, muchos de los cuales hemos participado activa y honestamente en la red de asambleas. Confundirlos lleva al sectarismo, a pretender hacer la guerra por su cuenta sin contar con los demás. Así ocurrió, por ejemplo, con la huelga indefinida convocada por la CGT de manera suicida el 17 de septiembre del año pasado. Su fracaso era la crónica de una muerte anunciada, porque tampoco ellos fueron capaces de pulsar el ánimo de los docentes, principalmente porque tampoco lo intentaron. Sencillamente dieron un salto al vacío y se estrellaron, y con ellos el montón de docentes que secundaron su huelga de manera honrada, pero inocente. Lo que ha seguido después ha sido una larga hibernación de los profesores, que el pasado día 9 pareció tocó a su fin.
Que sea así depende de nosotros. Es necesario que volvamos a revitalizar las asambleas de los centros, de los pueblos y de las zonas. Pero esta vez es fundamental llamar a la democracia interna, y eso pasa por la creación de comités mixtos formados por docentes y sindicatos que respeten el mandato de las asambleas. Para ello la participación tiene que ser nuevamente masiva. Es preciso recuperar el entusiasmo. La situación nos es mucho más favorable ahora.
PS: el gobierno griego acaba de emitir un decreto según el cual podrá enviar a la cárcel a los docentes que secunden la huelga convocada para el próximo 17 de mayo. En Grecia se muestra de forma más clara y más precisa que en ningún otro lugar de Europa que la imposición de las medidas de la troika pasa necesariamente por la aplicación de medidas dictatoriales explícitas, ante el rechazo masivo de la población. El fascismo no son sólo las hordas salvajes de Amanecer Dorado, sino también, y cada vez más, la solución frente a la oposición constante de la calle más tenida en cuenta por un gobierno de coalición en el que, además de la derecha de toda la vida, cada vez más radicalizada, participan dos partidos “socialdemócratas”. Tomemos nota y obremos en consecuencia o más nos valdrá que vayamos poniendo nuestras barbas a remojar.